Es normal que en los procesos electorales se hable de programas y propuestas, que por lo general no se cumplirán y, sin embargo, se evita decir cuáles son las líneas maestras con las que se pretende gobernar, puesto que falta definir la sazón de cada candidato ¿Qué necesitamos, más control o más libertad? ¿Qué es mejor, más oportunidades o más ayudas? ¿Qué es preferible, sancionar o promover? Y es que la izquierda tradicional ha adoptado tres principios rectores: Controlar, ayudar y sancionar. Se trata de una fórmula de domesticación poblacional a puro reflejo condicionado de Pavlov, que la hemos visto aplicada en Venezuela o Cuba y que cada día es más popular en todo el continente.
La pregunta es si ¿Eso es lo que queremos?, un modelo de prohibiciones, ayudas públicas y fuertes sanciones o por el contrario, un país de propietarios, de hombres libres, que no tengan que vivir con miedo.
En los últimos 10 años han crecido exponencialmente las multas, las prohibiciones y restricciones, de tal forma que la mayor parte de los administrados en la minería, la actividad forestal, la agricultura, el transporte, la construcción, el comercio y el empleo se encuentran en la informalidad o completamente al margen de la ley. Se trata de tener a todos en vilo, creando espacios para la corrupción y las mafias. Puesto que toda prohibición exagerada y trámite ampuloso impele a los ciudadanos a depender de grupos mafiosos o de pagar alguna dádiva para resolver sus problemas.
Para desentrañar estas discusiones, hay que poner al ciudadano en medio de la decisión pública, hacemos carreteras porque la gente las necesita, creamos servicios públicos del mismo modo. Y debemos preguntarnos cada vez que se adopta una decisión de gobierno ¿A quién beneficia?
Para empezar el Perú tiene tres asuntos en que gobernar; La Gente, El Territorio y el Estado. Y en primer lugar está el hecho de que gobernamos para la gente, no para el territorio, ni para el Estado. Por tanto, los objetivos de cualquier gobierno tienen que centrarse en el bienestar de las personas. A contramano de eso, expresamos nuestros objetivos de gobiernos de formas muy diversas, de manera que no se puede saber para quién va a gobernar el que viene.
Al margen de las discusiones ideológicas, en las que la gran parte de la población es un convidado de piedra, están las ideas fuerza que identifican a los partidos. Por ejemplo; «Pan con libertad» que no significa regalarle el pan a nadie, sino permitirles ganarlo en un clima de plena libertad.
En contra de esa idea está el clientelismo que busca convertir al ciudadano en el vasallo de un régimen corrupto, regalándole a cuenta del erario público dádivas cada vez más modestas en tanto le va quitando su libertad.
En la pandemia probamos un poco de esa receta, ya que en nombre de nuestra seguridad sanitaria se nos coactó las libertades al punto que no permitían a las mineras donar oxígeno a los hospitales. Al final encerrados como estábamos e impedidos de cualquier iniciativa, vivimos el mayor nivel de muertes del planeta, llegando a casi 6,700 fallecidos por millón de habitantes.
Por eso es importante que observemos en los candidatos, sus equipos, sus propuestas y discurso el riesgo totalitario y extremista escondido, determinando si se trata de otro aprendiz de dictador que quiere incrementar la corrupción poniendo más regulaciones, negar oportunidades ofreciendo dádivas y empujar con el miedo a los peruanos.
Una propuesta sensata tiene que abrirle las puertas a la tecnología en lugar de prohibirla, tiene que proponernos una sociedad de gente libre, propietaria, con respeto y apoyo a sus iniciativas, con menos regulaciones y más oportunidades. Y donde el Estado no sea el centro y un insaciable extractor de las finanzas personales de cada ciudadano.
Y es que resulta sorprendente como se llenan la boca denostando de la corrupción del Estado y, por otra parte, se esfuerzan porque el ciudadano pague más impuestos. Cuando el que crea riqueza y empleo sano no es el Estado, sino el hombre común con su iniciativa.
Puesto así, el futuro del Perú depende de las facilidades que tiene cada ciudadano para salir adelante, con lo que progresaremos y alcanzaremos a ser una nación de Pan y Libertad.


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