Perú: Como vencer a la derecha en las elecciones del 2026

Redes, poder y calle: cómo enfrentar en Perú la nueva ofensiva de la derecha digital.

En la nueva configuración del poder global, ya no son solamente los medios tradicionales o los partidos políticos los que determinan el rumbo de las democracias, sino un puñado de corporaciones digitales que controlan las infraestructuras por donde circula la información, las emociones y la conciencia colectiva. Plataformas como X (antes Twitter), Facebook o Google y otras se han convertido en los nuevos campos de batalla donde se libran las guerras culturales y políticas del siglo XXI. Y sus dueños -multimillonarios con intereses ideológicos propios- no solo actúan como árbitros, sino que muchas veces se convierten en jugadores activos del tablero.

Elon Musk, por ejemplo, maneja X con una lógica libertaria autoritaria. Se niega a aceptar cualquier tipo de regulación y lo presenta como una defensa de la «libertad de expresión». Pero esta libertad es desigual: favorece al que más poder tiene para amplificar su mensaje, para desinformar, manipular y polarizar. En Polonia, un candidato trumpista ha ganado por apenas un punto, cabalgando sobre una ola de desinformación y supremacismo digital. ¿Quién garantiza la limpieza de estos procesos si la cancha ya viene inclinada por algoritmos y capital?

En países como Perú, donde las élites económicas mantienen fuertes lazos con grupos de poder internacional, la derecha tiene todos los recursos para contratar firmas especializadas en manipulación digital y operar campañas desde Washington, Madrid o donde sea necesario. La derecha ha entendido cómo funciona este nuevo ecosistema y lo utiliza a su favor: explota el miedo, disfraza su discurso de rebeldía, infiltra sus mensajes entre la población desencantada, crea realidades paralelas que son compartidas millones de veces antes de que la verdad tenga tiempo de reaccionar.

Ante este escenario, ¿qué puede hacer un proyecto popular, democrático y de cambio real?

Primero, asumir que las redes no son el terreno donde se puede vencer a la derecha en igualdad de condiciones. Si intentamos disputarles poder únicamente en su propio formato -con campañas digitales, hashtags, influencers- es probable que perdamos antes de empezar. Ellos dominan la forma, el ritmo y las reglas del juego. Por eso, la lucha no debe reducirse a las redes: debemos usarlas como herramientas, no como territorio central.

El verdadero espacio de disputa debe ser el que ellos no pueden controlar: la calle, el campo, el contacto directo con la gente real. Se trata de reconstruir el tejido político y social desde abajo, de organizar comunidades, de movilizar la indignación legítima que recorre el país. La rabia contra la corrupción, la injusticia y la desigualdad ya existe. Lo que falta es conducción política, liderazgo ético y compromiso real con el pueblo, no para que «nos sigan», sino para construir con ellos el camino. La vieja lógica de vanguardias ilustradas que guían a las masas ya no sirve. El Apra y la izquierda tradicional fracasaron porque no supieron escuchar. Hoy, la legitimidad nace de acompañar y construir con las bases.

Vencer esta arremetida reaccionaria no es imposible. Pero exige claridad, organización y coraje. No se trata solo de responder tuits o publicar memes. Se trata de levantar una marea popular que los algoritmos no puedan contener, que los CEOs de Silicon Valley, la CONFIEP y los abogados de contrata no entiendan, y que los mercenarios digitales no puedan infiltrar: una insurrección democrática consciente, con los pies en la tierra la mirada en el presente y dirigida al futuro.

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