Haya de la Torre se defiende solo, aunque ya no viva

El diario El Comercio ha publicado recientemente notas de investigación sobre episodios poco conocidos de la extensa trayectoria política de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador y líder histórico del Partido Aprista Peruano.

En dichas publicaciones no se pone en duda su honesta y comprometida ejecutoria cívica al servicio de la patria, ni su papel gravitante en las luchas populares del siglo XX. Tampoco se niega su condición de peruano ilustre, reconocido a nivel internacional por el aporte de sus ideas al pensamiento socialista mundial.

Una de estas notas, firmada por el periodista Fernando Vivas, recoge información de un informe desclasificado de la CIA según el cual, en 1962, el APRA habría recibido apoyo por parte del gobierno de los Estados Unidos durante la campaña electoral. Esta versión generó sorpresa y molestia en algunos de los seguidores del desaparecido líder aprista, quienes salieron a desmentirla con vehemencia.

Creo que la figura de Víctor Raúl Haya de la Torre no necesita defensores apasionados: se defiende sola. Su legado trasciende el tiempo y las coyunturas, y su nombre es respetado incluso por sus adversarios más enconados. Como ocurre con las grandes figuras históricas, es inevitable que su trayectoria sea objeto de controversia. Pero eso no opaca la vigencia de sus ideas, ni su aporte a la construcción de una conciencia social en el Perú y América Latina. Como Manuel González Prada, José Carlos Mariátegui o Víctor Andrés Belaunde, Haya forma parte de la constelación de pensadores peruanos que marcaron el rumbo del país con su visión y compromiso.

Haya fue un firme defensor de la libertad de prensa y de expresión, incluso cuando fue atacado con saña y de forma infame, llegando a ser acusado injustamente de narcotraficante. Esta difamación fue difundida en su momento a través de la agencia noticiosa estadounidense UPI, y posteriormente confirmada por Fernando Berckemeyer, quien fuera embajador peruano en Estados Unidos entre 1948 y 1981, en declaraciones también recogidas por El Comercio.

Intentar destruir la figura de Haya de la Torre y el movimiento que fundó —por el que millones de peruanos entregaron su vida, sus sueños y su trabajo— con verificación y relativa veracidad, resulta, en mi opinión, injusto, precipitado y de mala fe. La historia del Apra no se puede reducir a una nota de archivo ni a una lectura descontextualizada de los hechos.

Conocí a Haya de la Torre. Sé que fue un gran peruano. Sé también, con convicción profunda, que jamás se habría traicionado a sí mismo ni a sus principios aceptando apoyo del imperialismo norteamericano, al que combatió con inteligencia, pasión y firmeza por el bien del Perú y de América Latina.

Haya de la Torre murió pobre, y se enorgullecía de ello. Fue coherente hasta el final. En su testamento legó todos sus bienes, tanto materiales como intelectuales, a la Fundación Navidad del Niño del Pueblo, con el único fin de que, año tras año, las familias más humildes del país reciban alimentos y juguetes durante las fiestas navideñas. Lo menciono porque tuve el honor de ser nombrado por él como miembro del comité de administración de esa Fundación, junto con otros cuatro militantes apristas. Es, sin duda, la distinción más significativa que he recibido en mi vida. No fue por mí, estoy seguro. Fue por mi padre, que luchó junto a él durante toda su vida.

Haya de la Torre se defiende solo.

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